| En Mota del Cuervo desde 1998 |
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Historia: La Guerra Civil, 1936-39 |
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Una madrugada del día 29 de agosto de 1936, la Imagen de Ntra. Sra. de Manjavacas, fue martirizada, quemada, y hecha cenizas en su ermita; ardiendo juntamente con todo el recinto sagrado. Debemos reconocer todos, para nuestra propia vergüenza, el tremendo atentado a nuestras propias esencias religiosas. Pero quedó rescoldo. Aquellas cenizas, aquellas reliquias, una vez llorado nuestro pecado, son para todos los hijos de Mota a través de los años, la pequeña ascua encendida, que soplamos con delicadeza y suavidad, mediante nuestra fe en la Virgen de Manjavacas y nuestro reencuentro con un pasado lejano.
Ese lejano pasado, que ha dado origen a una pluralidad de tipos moteños que convergen en una unidad de vivencia religiosa: querer, amar y venerar a la Virgen de Manjavacas.
Mota del Cuervo tiene algo especial y en común: la palabra Manjavacas, que une, ata y engarza un paisanaje: ser moteño.
Hemos visto a hijos nacidos aquí, pero que por avatares de la vida, tuvieron que emigrar; tomar a sus hijos en brazos y en la ermita a los pies de la Virgen, ofrecérselos y decirles, que la Virgen de Manjavacas es la que protege, la que vela, la que bendice en ese seguir itinerante de la vida, y que se acuerden de Ella en la salud y en la enfermedad, en las penas y en las alegrías.
Así se va haciendo historia, transmitiendo de generación en generación, la fe amamantada en la cuna y que hoy se vive esparcida por toda la geografía, no sólo española, sino de todo el mundo.
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