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A la localidad conquense de Mota del Cuervo la llaman «El Balcón de La
Mancha» porque desde la loma en la que se sitúan sus siete molinos se
divisa un infinito horizonte completamente plano y salpicado de otros
muchos pueblos. De esos siete molinos sólo uno cumplió hace muchos años el
fin con el que se crean estas edificaciones. Los demás se levantaron a
propósito, a modo de reclamo turístico y pintoresco símbolo manchego, y
por amor a ellos nació hace más de medio siglo la Asociación de los Amigos
de los Molinos, encargada de su recuperación y de bautizarles con nombres
propios: el Zurdo, el Cervantes, el Piqueras, el Gigante, el Goethe, el
Irak y el Franz Grillparzer.
La colina sobre la que se alzan señala
el enclave justo de Mota del Cuervo, en el extremo sureste de Cuenca y en
el punto donde converge esta provincia con las de Toledo, Ciudad Real y
Toledo, en pleno corazón de La Mancha. Dejando atrás los molinos y
dirigiendo los pasos hacia Las Mesas se encuentra un lugar estratégico de
Mota y hogar de su patrona, la ermita de Nuestra Señora de Manjavacas,
donde cada año, el primer y el tercer domingo de agosto, se celebra una
concurrida romería con la imagen de la virgen a cuestas, a carreras entre
la ermita y la villa.
Para alojarse en Mota del Cuervo, sin salir de
su casco urbano, existen dos establecimientos hoteleros: el Mesón Don
Quijote ( 967 180 200) y el Hostal Plaza (967 180 110), en el número 4 de
la calle del Cercado.